¿Y si estamos confundiendo liderazgo con ser imprescindible?
Cuando pensamos en un buen líder, solemos pensar en alguien capaz de tomar decisiones, resolver problemas, conseguir resultados y mantener a un equipo funcionando incluso cuando las cosas se complican.
Pero liderar bien implica algo más que conseguir que las cosas salgan adelante.
También tiene que ver con cómo se toman las decisiones, qué comportamientos se permiten, cuánto espacio se da a las personas para crecer y qué tipo de equipo se está construyendo.
Por eso, cuando hablamos de buen liderazgo, no es suficiente con preguntarnos si un manager consigue resultados. También debemos fijarnos en qué está generando a su alrededor.
Estas son tres claves que pueden marcar la diferencia.
1. No confundas control con liderazgo
Estar pendiente de todo no significa necesariamente liderar mejor.
Revisar cada decisión, conocer todos los detalles o querer tener siempre la última palabra puede dar sensación de control, pero también puede impedir que el equipo desarrolle autonomía.
Si las personas necesitan consultar continuamente a su manager para avanzar, quizá no tengan suficiente espacio para tomar decisiones por sí mismas.
Delegar no significa simplemente repartir tareas. Significa dar responsabilidad y permitir que otras personas tomen decisiones, aprendan y asuman las consecuencias de ellas.
Para un manager acostumbrado a resolverlo todo, dar ese espacio puede resultar difícil. Pero también es una de las formas de conseguir que el equipo gane capacidad.
2. Lo que toleras también forma parte de tu liderazgo
El liderazgo no se construye únicamente con lo que hacemos, también con lo que permitimos.
Un conflicto que nunca se aborda, una persona que genera mal ambiente pero consigue buenos resultados o determinados comportamientos que se repiten porque nadie los corrige terminan enviando un mensaje al resto del equipo.
Con el tiempo, las personas aprenden qué comportamientos son aceptables y cuáles se toleran.
Por eso, un manager también influye en la cultura de su equipo a través de aquello que decide no abordar.
No significa que haya que intervenir ante cualquier problema. Pero sí entender que no actuar también puede tener consecuencias.
3. Desarrollar talento implica aceptar que otras personas harán las cosas de otra manera
Desarrollar autonomía es difícil si esperamos que las personas hagan las cosas exactamente como las haríamos nosotros.
Delegar una responsabilidad para después corregir constantemente cómo se ejecuta no permite que exista verdadera autonomía.
Una persona puede llegar al mismo resultado utilizando otro método, tomando decisiones diferentes o incluso cometiendo algún error durante el proceso. Y eso también forma parte del aprendizaje.
Desarrollar talento no consiste en crear personas que trabajen como nosotros, sino en conseguir que puedan aportar su propio criterio y asumir cada vez más responsabilidad.
Para ello, un manager necesita saber cuándo intervenir y cuándo dejar que otra persona encuentre su propia manera de resolver una situación.
Un buen liderazgo se ve reflejado en un buen equipo
No existe una única forma de liderar bien, y tampoco todos los equipos necesitan lo mismo.
Pero hay una diferencia importante entre conseguir que un equipo funcione y conseguir que un equipo crezca.
Un buen manager desarrolla personas, establece límites, permite que exista autonomía y crea un entorno en el que el equipo pueda asumir cada vez más responsabilidad.
Para conseguirlo, a veces tendrá que intervenir, otras tendrá que corregir y otras tendrá que apartarse y dejar que otra persona decida.
Por eso, el liderazgo no debería medirse únicamente por lo que consigue un manager, sino también por lo que consigue que su equipo sea capaz de hacer.
Porque liderar no consiste solo en conseguir que las cosas salgan adelante.
También consiste en conseguir que las personas que forman parte del equipo puedan hacer que sigan saliendo adelante.
